sábado 31 de diciembre de 2011

2011 FUE

Luces de un rojo sangre por favor. Canciones pesadas, truenos y relámpagos a un volumen considerable. Que alguien corra el telón, que comience el monólogo final. Habla él, soy yo:
Ya no creo en que las estrellas que brillan en el cielo se parezcan a tu cara, ni que los silencios de la noche formen algún tipo de ruido "mágico". La ciudad es como un cuenco que nos amontona, como una calle de cemento caliente que nos condiciona y lastima. Las veredas sucias recuerdan a juventudes perdidas, a destellos acabados. Hay tanta gente en la ciudad que la sensación de ahogo se multiplica por mil. Ya no creo en el futuro. Creo en el instante y en que la vida interior se va apagando poco a poco al compás de las canciones que cantamos y de la vida exterior. Una pena. Creer en algo que no existe nos hace felices. Creemos que lo tenemos pero no lo tenemos; sólo contamos con las primeras apreciaciones de su existencia, no mucho más. Si sigue o no sigue "encendido" nunca lo sabremos -lo que si la tierra es una pelota que gira y gira en el vacío así que no estamos tan acompañados como suponemos- Nuestra existencia chorrea por todas partes soledad. Estamos acompañados, amigos, familia, hijos, perros, marcianos, plantas...pero no hay que equivocarse: cuando las luces se apagan y cerramos los ojos para dormir, no queda nadie, por más que a nuestro lado toquemos una pierna tibia que reconforta.
Aquí, en medio de este monólogo, debería cambiar radicalmente la ambientación: nace algo nuevo. Este es el momento en donde suena la música dulce, donde el cielo se aclara, donde se escuchan a bajo volumen tiernos y asquerosos villancicos y una brisa de aire fresco corre entre la gente. Es el momento donde el espectador deja de lado tanta tensión y dibuja en su cara una mueca feliz, porque todos tendemos a olvidar todo <rápidamente>.
Pero siempre, mientras podamos levantarnos, será otro día. Al abrir los ojos siempre volveremos a sentirnos nuevos, no importa que tan mal la hayamos pasado el día anterior (dixit Eels) La mente se despeja dejando un poco más de espacio a la esperanza discontinua que nos habita. Hoy es un día de sol, una mañana clara. Abro todas las ventanas de la casa para que el aire corra, para que la luz invada. ¿Ves esa luz? Salgo a la calle aún desierta, me paro justo en el medio de la misma y grito con toda mi fuerza: "2011 FUE"
Que alguien cierre el telón por favor.

miércoles 28 de diciembre de 2011

Libros y Música en 2011

Libros de cualquier época, leídos en 2011:
Mark Oliver Everett: Cosas que los nietos deberían saber; el golpe de KO sólo hará que te levantes
Juan José Saer: La Pesquisa; el universo saeriano en su máxima expresión
Juan José Saer: Las Nubes; un viaje increíble, inolvidable
Leonard Cohen: Hermosos Perdedores; de las mejores novelas de todos los tiempos
Richard Price: La vida fácil; varias noches en New York City
Haruki Murakami: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo; un pozo y un libro aún más profundo
Adolfo Bioy Casares: Plan de Evasión; para no estar encerrado nunca más
    Lo que más escuché:
    Tributo Argentino a Depeche Mode; un trabajo impecable de un género digno que no se detiene.
    AHK-toong BAY-bi Covered; éramos tán jóvenes...
    Fito Páez: Canciones para Aliens; un disco con canciones de otros pero con el adn del mejor Páez
    Compact Space: Nameless; las maquinas no han muerto
    Handsome Furs: Sound Kapital; como siempre y aún mejor
    Erasure: Tomorrow World; pop kitsch
    Varias Artistas: Se Puede; ellas y Lucas Martí, la evolución elegante
    Foo Fighter: Wasting Light; cada vez más sucios y más fuertes
    Beirut: The Rip Tide; simplemente Beirut
    Depeche Mode: Remixes 2 81-2011; con Wilder y Clarke remixando, ¿qué más pedir?
    Scott Weiland: A Compilation of Scott Weiland Cover Songs; un camaleón en su décima vida (aprox.)

    sábado 24 de diciembre de 2011

    Navidad

    Willie se apoderó de la casa hace tiempo -ya te lo había contado- Parece que nunca más se va a ir. La noche del 24 de diciembre, luego de cenar, yo preferí quedarme en el patio, fumando y tomando; él prefirió subir al techo con un porro que nunca parece terminar, una botella (vacía)  y un bolso repleto de cañitas voladoras exageradamente grandes. Desde allí, sentado en una reposera que siempre deja en el techo, comenzó, cerca de medianoche y de manera ininterrumpida, a lanzar "consignas" y a encender las cañitas voladoras que se perdían difusas en la oscuridad.
    Yo veía sólo los destellos perdiéndose en un sonido agudo mientras pensaba en aquella historia que Willie me había contado antes de subir al techo, mientras cenábamos. Resulta que, según él, una madrugada salio de su casa y vio pasar a su padre en un taxi. El padre iba en la parte de atrás, cómodamente sentado; el vidrio de su puerta estaba abierto y parecía disfrutar de la brisa fresca de la madrugada. El taxi se dirigía hacia el sur, bastante despacio. Willie no atinó a decir nada. Al padre -según cuenta Willie- parece que ni siquiera le importó ver a su hijo ahí parado. Lo más extraño de todo esto es que Willie, esa madrugada de navidad, se dirigía justamente a la casa de su padre, quien hacía minutos acababa de morir. No supe si creerle o no, pero era una buena historia después de todo.
    Me distraje de aquello cuando comencé a escuchar las "consignas" que Willie gritaba antes de encender cada cañita voladora. Anoté algunas, las que pude entender:

    Por los niños que no creen en nada
    Por los que no paran de seguirme, siguiéndome. ¿Están ahí hijos de puta?
    Por mi cuchillo, mejor amigo
    Por los payasos que quieren matarme
    Por Papá Noel y su traje sucio y deplorable
    Por la espera, que es como la abstinencia
    Por Zappa
    Por las chicas de escotes grandes y pechos aún mayores con revólveres en sus carteras
    Por el último amanecer y el día que no será

    jueves 15 de diciembre de 2011

    Para no quedar en orsai

    Hernán Casciari -Orsai- cuenta con una claridad absoluta su forma de ser independiente, la pasión con que encara y realiza cada uno de sus proyectos y como van surgiendo las ideas y se van poniendo en práctica. Lo que cuenta suena fácil -quizá porque las buenas ideas parten de la sencillez- pero no lo es. No es fácil crear una revista literaria evitando los intermediarios y las grandes tiendas, no es fácil armar una editorial que reparta las ganancias como corresponde... pero hoy gracias a gente como Casciari -entre otros-, sabemos que no es tan difícil como suponemos ni imposible. 
    Una gran forma de utilizar internet, blogs y redes sociales para conseguir los objetivos. Sólo hay que saber lo que uno quiere, pensar en grande, e ir por ello.
    "La cultura tiene que ser libre y tiene que ser gratuita..."
    "Estuvimos años dependiendo de una industria codiciosa, comprando lo que ellos querían que comprásemos, y de repente y cada vez más, están quedando en orsai..."
    Para escuchar...

    jueves 1 de diciembre de 2011

    Juan José Saer - La Pesquisa


    ¿Que se espera de un buen libro? Muchas cosas, pero una de ellas -más o menos importante dependiendo de quien estemos hablando- es que el autor esté reflejado en sus páginas; que haya algo de él en la forma de narrar, en las características de los personajes, en la historia. Y en "La Pesquisa" aparece Saer en su máximo esplendor; tomando parte de la construcción de la historia desde su particular forma de narrar, reflotando personajes clásicos en su narrativa como Tomatis o Pichón Garay, "manipulando" la historia, dándole las mil posibles formas, dejando en puntos suspensivos el relato y el tiempo.

    El reencuentro de 3 amigos es el marco para "La Pesquisa" que es, antes que nada, una novela policial con todos sus ingredientes pero además con todo lo que Saer pueda brindarle al género, como por ejemplo la asombrosa y exquisita densidad de su narración. El género policial se tiñe y repliega en el universo saeriano.
    El relato fluye en por lo menos dos planos: ese reencuentro entre Pichón (que por unos días vuelve de Europa), Soldi y Tomatis y la historia de los asesinatos de ancianas en Paris que cuenta Pichón Garay a sus amigos. La narración va y viene de un plano a otro lo que le da a la trama más cuerpo, más consistencia, por lo tanto se expande el plano narrativo.