Luces de un rojo sangre por favor. Canciones pesadas, truenos y relámpagos a un volumen considerable. Que alguien corra el telón, que comience el monólogo final. Habla él, soy yo:
Ya no creo en que las estrellas que brillan en el cielo se parezcan a tu cara, ni que los silencios de la noche formen algún tipo de ruido "mágico". La ciudad es como un cuenco que nos amontona, como una calle de cemento caliente que nos condiciona y lastima. Las veredas sucias recuerdan a juventudes perdidas, a destellos acabados. Hay tanta gente en la ciudad que la sensación de ahogo se multiplica por mil. Ya no creo en el futuro. Creo en el instante y en que la vida interior se va apagando poco a poco al compás de las canciones que cantamos y de la vida exterior. Una pena. Creer en algo que no existe nos hace felices. Creemos que lo tenemos pero no lo tenemos; sólo contamos con las primeras apreciaciones de su existencia, no mucho más. Si sigue o no sigue "encendido" nunca lo sabremos -lo que si la tierra es una pelota que gira y gira en el vacío así que no estamos tan acompañados como suponemos- Nuestra existencia chorrea por todas partes soledad. Estamos acompañados, amigos, familia, hijos, perros, marcianos, plantas...pero no hay que equivocarse: cuando las luces se apagan y cerramos los ojos para dormir, no queda nadie, por más que a nuestro lado toquemos una pierna tibia que reconforta.
Aquí, en medio de este monólogo, debería cambiar radicalmente la ambientación: nace algo nuevo. Este es el momento en donde suena la música dulce, donde el cielo se aclara, donde se escuchan a bajo volumen tiernos y asquerosos villancicos y una brisa de aire fresco corre entre la gente. Es el momento donde el espectador deja de lado tanta tensión y dibuja en su cara una mueca feliz, porque todos tendemos a olvidar todo <rápidamente>.
Pero siempre, mientras podamos levantarnos, será otro día. Al abrir los ojos siempre volveremos a sentirnos nuevos, no importa que tan mal la hayamos pasado el día anterior (dixit Eels) La mente se despeja dejando un poco más de espacio a la esperanza discontinua que nos habita. Hoy es un día de sol, una mañana clara. Abro todas las ventanas de la casa para que el aire corra, para que la luz invada. ¿Ves esa luz? Salgo a la calle aún desierta, me paro justo en el medio de la misma y grito con toda mi fuerza: "2011 FUE"
Que alguien cierre el telón por favor.

