viernes 30 de septiembre de 2011

Perdiendo mi religión


Hace unos día el mundo conocía la noticia: R.E.M. se había separado. Noticia triste pero previsible: nada dura para siempre; más cuando la ebullición de cada canción editada, de cada disco, se iba atenuando. Pero atención: que la obra no genere un gran impacto no habla mal de la obra; habla mal de quienes consumimos discos (libros o películas). Los discos de R.E.M. no generaban ya grandes revoluciones; pero sí seguían siendo grandes discos, algunos más experimentales o inspirados que otros, pero para el amante del gen R.E.M., ese gen siguió ahí hasta el último segundo de la última canción.

Su mejor época, creo, fue la de los comienzos de los 90 con "Automatic for the People" y "Monster". El yin y el yang en su discografía. El primero desenchufado, lúgubre, hipnótico, sombrío aunque esperanzador. ¿Que más esperanzador hay que la melodía de "Nightswimming" o el hecho de nadar desnudos en la noche, con la luna como espectadora privilegiada. ¡Libertad!. El disco más parejo quizá, donde cada canción es una obra de arte propia y personal. "Monster", por su parte, era una patada de KO, un sacudón soberbio y eléctrico con guitarras a todo volumen que arrasaban todo lo que se encontraban delante. No es un disco fácil, pero recuerdo que cuando salió, las radios ponían sus canciones a diario y la MTV los programaba a cada rato. Algunos llaman a eso tener el mundo a tus pies. "Strange Currencies" quizá sea el tema que más escuché de la banda. La parte final de esa canción es inmensa.
"New Adventures in Hi Fi" fue como un paso al costado, grabado en plena gira de Monster; se bajaban de algo. Luego nos enteraríamos que sería el último disco de Bill Berry como miembro del grupo. El single fue "E-Bow the Letter" (grabado con Patti Smith); una verdadera exquisitez.
Los discos anteriores a "Automatic..." y posteriores a "New Adventures..." están un escalón más allá de lo normal, (Out of Time, Green, Reveal, Document), pero son distintos. 

jueves 22 de septiembre de 2011

Cosas que los nietos deberían saber

Mark Everett -a.k.a. Eels, a.k.a. E- tuvo una vida tormentosa. La muerte de su padre -allá por 1982- abrió la puerta a una serie de pérdidas que inspiraron y contribuyeron a su arte. Luego de su padre, en 1996 se suicido su hermana, en 1998 murió su madre -estas muertes generaron uno de sus mejores discos: "Electro-Shock Blues", que tiene canciones como "Hospital Food", "Going to your funeral", "Elizabeth on the Bathroom Floor" (Elizabeth era el nombre de su hermana)- y posteriormente la muerte de su prima que estaba en el vuelo que el 11 de septiembre se estrelló en El Pentágono.
Pero Mark Everett se las ingenió para sobrevivir con la grandeza e inspiración de esos que tocaron fondo. Dueño de un talento descomunal compuso música en cada etapa de su vida: canciones ruidosas con sabor a medicamentos pegajosos que pueden volarte la cabeza, canciones diminutas repletas de belleza; discos trascendentales con su banda Eels, que al ser escuchados ayudan a sobrevivir a miles de personas y que destruyen con un sólo acorde la liviandad de estos años. Porque si algo tiene Everett es profundidad, y si por algo sigue vivo es no sólo por su talento, sino por su ironía -volcada en letras y que rebalsan su autobiografía- y por su sentido del humor (bien negro).

"Cosas que los nietos deberían saber", toma el nombre de la inspirada canción que cierra "Blinking Lights And Other Revelations". La canción arranca con estas líneas:
I go to bed real early / everybody thinks it's strange / I get up early in the morning, / no matter how disappointed I was with the day before / it feels new...
(Me voy a la cama realmente temprano / todos creen que es extraño / Me levanto temprano en la mañana, / no importa que tan decepcionado  estaba el día anterior / se siente nuevo...)

sábado 10 de septiembre de 2011

Campo minado

Voy perdiendo, mientras camino
partes de mi;
partes insignificantes que nunca volveré a tener,
partes importantes que voy a añorar.
En saber perder está la clave,
en entender el significado de las carencias,
en traducir los vacíos apasionadamente
y transformarlos en algo nuevo.
Porque también eso es perder;
transformación.
Yo muto, tu mutas...
...para seguir corriendo por este campo minado.
También es necesario creer en los fantasmas,
-seres que siempre sentimos ajenos-
tanto como en la lógica misma de los cuerpos.
Perder, cambiar, transformar,
mientras camino
esas sensaciones me van empujando
y ya no dejo mis rastros en las pérdidas,
sólo avanzo siempre de forma distinta,
entre explosiones,
cubierto por una sábana y en el medio de la noche,
espantando algunos días
peores que otros.

viernes 2 de septiembre de 2011

Beirut - The Rip Tide


Beirut es la banda, el proyecto musical de Zach Condon. Una banda para escuchar una y  mil veces. Una rareza dentro de tanta uniformidad, el paraíso para los oídos gastados de grandes ciudades. Un lugar donde uno tiene la sensación de estar más cerca del origen, de lo básico, de lo elemental y puro.

La música de Beirut navega por ritmos exóticos, una especie de folk balcánico con toques alternativos, de instrumentación barroca y exquisita -acordeones, tubas, trombones, trompetas, mucha y buena percusión- con arreglos poco frecuentes para esta época de arreglos poco frecuentes.
Hace apenas unos días Beirut editó su nuevo disco: The Rip Tide. Una obra modesta en extensión (poco más de 30 minutos) pero que destella creatividad y las mejores canciones y producción que la banda ha hecho a la fecha. Una obra maestra, excesiva en creatividad y con la capacidad de transmitir sensaciones y sentimientos en cada acorde.
The Rip Tide es un poco más pop que sus trabajos anteriores -siempre dentro de un estilo Beirut-; bien íntimo y melodioso. Un disco que va inflando al oyente con vientos poderosos y toques sutiles de repetitiva melancolía.
Si algo genera Beirut es esa necesidad física a la escucha, a repetir la experiencia, ya que es imposible abarcar todo lo que propone de una vez; por eso sus canciones viajan un poco más cerca de la eternidad. Escuchas infinitas para curar heridas.

Y una perla: el disco abre con una especie de oda luminosa y poética que te deja levitando a varios kilómetros de la tierra: A Candle's Fire. El resto: 8 canciones más, dispuestas a cambiar tu vida.