Manejo por la ruta desierta casi al atardecer. Voy solo. A mi derecha hay un cartel viejo, casi en ruinas, fantasmal: MATADERO. Acelero y el pensamiento se va, sale del auto y del camino, se cuela entre los libros de mi biblioteca que están lejos de aquí, en el altillo, y elije un libro casi obvio: Matadero Cinco de Vonnegut. Directo deja-vu me lleva al lugar donde comencé a leerlo: Córdoba, piso 7, teléfonos que suenan, ascensores que vienen y van, la ciudad ruge debajo y se ilumina lentamente, el ambiente adentro está pesado. Hay una parte del libro que aparece casi textual por la increíble naturaleza de la mente. La mente viaja en el tiempo con los pies en el presente; yo no me muevo y ella va:Durante años había supuesto que no tenía secretos para sí mismo, y ahora se encontraba ante la evidencia que tenía un gran secreto escondido en alguna parte de su interior. Y ni tan siquiera podía imaginar de que se trataba.
Me relajo y miro la ruta. La ciudad agazapada, dispuesta a matar y morir, como siempre.
Prendo la radio. El locutor me habla a mi entremezclado entre un molesto ruido blanco:
"...y así estamos todos Diego, manejando sin rumbo, recordando en random, vagando por estos lugares, siempre buscando, nunca dispuestos a claudicar aunque muriéndonos de ganas por alguna vez encontrar algo...o por lo menos saber de que se trata lo que estamos buscando..."
"...y así estamos todos Diego, manejando sin rumbo, recordando en random, vagando por estos lugares, siempre buscando, nunca dispuestos a claudicar aunque muriéndonos de ganas por alguna vez encontrar algo...o por lo menos saber de que se trata lo que estamos buscando..."


