Alfileres...
...lo pincho por aquí, no grita. Lo doy vuelta y lo pincho en la espalda. Nada.
Subo la escalera con él en la mano, es de noche. Cerca de llegar arriba giro para mirar la ciudad al ras de los techos. Veo como la claridad se desprende en determinados sectores y parece levitar. La violencia está agazapada en las esquinas, debajo de los árboles, entre las sombras. Me quedo un segundo suspendido en esa visión hasta que me vuelvo a dar vuelta, termino de subir y siento como la luna me apuñala la espalda. Media luna ganándole a las nubes. La otra mitad perdida en la oscuridad de la noche justo cuando abro la puerta y enciendo la luz.
Estoy completamente sólo en esta especie de altillo. Mi lugar dentro del mundo, lejos del mundo. La radio me habla desde alguna parte:
"La próxima vez que vos intentes llamarme por teléfono deberás hacerlo a mi nuevo número, tomá nota...." Tomo nota. Su voz me resulta familiar, conocida. Luego alguien -otro- arremete con el pronóstico del tiempo para mañana:
"Nublado por la mañana, tormentas dispersas por la tarde, SE CAE TU CIELO por la noche"
Miro por la ventana que da a la calle. Nadie. Nada. A las 12 de la noche la vida tomo otro color, los objetos tienen otro sentido, la existencia misma parece otra cosa. Ni mejor ni peor, otra cosa
Me siento en el suelo frío del altillo en la noche tibia de noviembre. Busco al muñeco, lo miro y lo miro. "La segunda parte es mejor" pienso y dirijo toda mi voluntad apuntada al porvenir. Pongo a mi muñeco voodoo en el rincón más oscuro, contra la pared. Luego me pongo de pie, apago la luz y salgo al pequeño balcón que da a la escalera. Bajo lentamente, me dirijo a mi habitación con la noche que me envuelve, al cerrar la puerta estoy convencido que dejo la oscuridad afuera. La verdadera oscuridad afuera.
Entonces me acuesto; cierro los ojos esperando que el sueño venga bañado por una tenue luz roja, casi imperceptible, que se filtra por la ventana. A los pocos minutos, cuando el sueño se acercaba, desde el altillo nace un grito. Un grito seco, un grito arrugado, casi inanimado. Un grito preciso, como en cámara lenta , dirigido a mí.
Algo/alguien gritó "GRACIAS". Su eco fue, esa noche, mi canción de cuna.