miércoles 24 de noviembre de 2010

Alberto Montt

Disfrutar de viñetas diarias de un humor hilarante y adictivo es quizá uno de los tantos placeres que, gratis, pueden darse los seres humanos. El corolario de ese acto, la mayoría de las veces, puede ser una mueca incrédula producida por un humor sutil; otras tantas directamente una carcajada primal.
Alberto Montt sabe como ir de una punta a la otra del humor. Su "Dosis Diaria" es capaz de producir milagros: roba sonrisas la mañana de algún lunes, genera ansiedad por la espera de otra viñeta, produce asombros varios, ejercita el instinto y provoca, entre risas, algún pensamiento paralelo que generalmente se dispara hacia otras partes, partes donde la razón tiene la iniciativa y las cartas marcadas del juego que juega con nuestra mente -y nos ayuda a dornos cuenta que poca razón tiene la razón-. Y así, entre risa sutil y carcajada serial, Alberto Montt colorea estos complejos tiempos.
Desde Chile.
Con Humor.

Un ejemplo claro tomado de "Dosis Diaria", por Alberto Montt

Alberto Montt en Dosis Diaria
Seguilo en Twitter @albertomontt

miércoles 17 de noviembre de 2010

Mi Muñeco Voodoo


Alfileres...
...lo pincho por aquí, no grita. Lo doy vuelta y lo pincho en la espalda. Nada.
Subo la escalera con él en la mano, es de noche. Cerca de llegar arriba giro para mirar la ciudad al ras de los techos. Veo como la claridad se desprende en determinados sectores y parece levitar. La violencia está agazapada en las esquinas, debajo de los árboles, entre las sombras. Me quedo un segundo suspendido en esa visión hasta que me vuelvo a dar vuelta, termino de subir y siento como la luna me apuñala la espalda. Media luna ganándole a las nubes. La otra mitad perdida en la oscuridad de la noche justo cuando abro la puerta y enciendo la luz.
Estoy completamente sólo en esta especie de altillo. Mi lugar dentro del mundo, lejos del mundo. La radio me habla desde alguna parte:
"La próxima vez que vos intentes llamarme por teléfono deberás hacerlo a mi nuevo número, tomá nota...." Tomo nota. Su voz me resulta familiar, conocida. Luego alguien -otro- arremete con el pronóstico del tiempo para mañana:
"Nublado por la mañana, tormentas dispersas por la tarde, SE CAE TU CIELO por la noche"
Miro por la ventana que da a la calle. Nadie. Nada. A las 12 de la noche la vida tomo otro color, los objetos tienen otro sentido, la existencia misma parece otra cosa. Ni mejor ni peor, otra cosa
Me siento en el suelo frío del altillo en la noche tibia de noviembre. Busco al muñeco, lo miro y lo miro. "La segunda parte es mejor" pienso y dirijo toda mi voluntad apuntada al porvenir. Pongo a mi muñeco voodoo en el rincón más oscuro, contra la pared. Luego me pongo de pie, apago la luz y salgo al pequeño balcón que da a la escalera. Bajo lentamente, me dirijo a mi habitación con la noche que me envuelve, al cerrar la puerta estoy convencido que dejo la oscuridad afuera. La verdadera oscuridad afuera.
Entonces me acuesto; cierro los ojos esperando que el sueño venga bañado por una tenue luz roja, casi imperceptible, que se filtra por la ventana. A los pocos minutos, cuando el sueño se acercaba, desde el altillo  nace un grito. Un grito seco, un grito arrugado, casi inanimado. Un grito preciso, como en cámara lenta , dirigido a mí.
Algo/alguien gritó "GRACIAS". Su eco fue, esa noche, mi canción de cuna.

lunes 1 de noviembre de 2010

El fin del mundo como lo conocías – Día de los Muertos (1)

DORMIR...

Silencio, velas, contar catrinas en lugar de ovejas…una, dos, tres…

Todo comenzó con un redoblante en una esquina cualquiera de otra ciudad. Fue genial, pero…la esquina nunca existió, ni la ciudad. Sólo el redoblante y un sueño. Y de repente HOY: 1 de noviembre, día de los muertos.

Silencio, velas, contar catrinas en lugar de ovejas…
ceremonias paganas servidas en bandejas de plástico,
aminoácidos disueltos en lágrimas,
lágrimas que resbalan en látex,
látex en tu cuerpo y en el mío,
teléfonos de plástico que suenan,
respiración profunda ante la muerte.
Una carcajada en una playa desierta es la muerte,
una valija olvidada en un hotel que se incendia es la muerte,
una canción que nunca debería de ser bailada es la muerte;
no la llames a la muerte ya que al ser nombrada puede confundir mención con llamado
(eso es superstición grita Ángela desde el más acá).
No la llames.

Silencio, velas, contar catrinas en lugar de ovejas…
Volví a la ciudad y me encontré con todos: están los amigos y el gusanito. La vieja casa, la calle empedrada, mi perro enterrado que aún ladra, un puñado de estrellas, las luces lejanas, mi perfume viejo…Volví a la ciudad, estoy acá adentro, entre capas y capas de piel, entre calles y paredes. ¿Es que nadie me ve? Me detengo frente al espejo y pienso: los espejos hoy, 1 de noviembre, se traspasan por su parte más sensible que es el centro, allí es donde cargan todas las imágenes del mundo. Estoy exhausto.

Almita Calavera – Día de los Muertos (2)

Píntate los labios, los ojos,
píntate el pelo, las uñas.
Almita calavera, píntate completa
porque hay cosas que no se niegan.
Hoy celebramos con Ella
(y su sombrero, sus huesos, su vestido)
desde el más acá, por un tiempo más.


Porque tú eres mi mejor calavera.




La Muerte – Día de los Muertos (3)

nada
nada

nada
nada
nada
nada
nada
nada
nada
nada
nada
nada
nada
nada
nada
nada
de nada...