Antonio Di Benedetto - Los Suicidas

martes 24 de febrero de 2009

"En la rama paterna imperaba el drama. Suicidios repetidos en todas las etapas. Lo he dicho con mucha claridad en 'Los Suicidas', donde la historia de mi abuelo Antonio está contada, en parte, como personaje que allí se trata de un modo real. Uno de los hermanos de mi padre se suicido luego de un largo período de pérdida de la razón. Las graves hostilidades familiares eran motivadas, casi siempre, por asuntos pasionales. Rivalidades que llegaban hasta el extremo de la muerte. O de grandes silencios". (Crisis, número 20; Buenos Aires, 1974).


'Los suicidas' de Antonio Di Benedetto -editado en 1969- es un libro que atrapa quizá, por lo interesante de su temática: el hecho de forzar la fina línea que divide la vida con la muerte es probablemente uno de los TEMAS de nuestra existencia.
Sin la consistencia de '
Zama' pero con mucha autoridad y cargado de un placer casi pecaminoso, 'Los suicidas' se abre paso entre lo mejor de Di Benedetto y es uno de los puntos altos de la misma literatura argentina.
En
'Los suicidas' el protagonista enfrenta una etapa complicada de su existencia: "Mi padre se quitó la vida un viernes por la tarde. Tenía 33 años. El cuarto viernes del mes próximo yo tendré la misma edad". La novela gira en torno a la investigación de suicidios y a los discursos que sustentan o no ese acto. Todo en la vida del protagonista parece girar en torno a la muerte por mano propia; desde su trabajo como periodista -unas fotos de personas que se quitaron la vida dispararán una investigación para descubrir quienes son y delinear el perfil de los mismos- hasta sus relaciones íntimas -la idea de un pacto suicida con una amante-.
Un cuestionamiento hacia la real autonomía del hombre y el derecho a disponer de su vida y su muerte; eso es 'Los suicidas'. Bien escrito, preciso, peligroso.
Quizá todo desemboque y gire en la cita a
Albert Camus del comienzo del libro: "Todos los hombres sanos han pensado en su propio suicidio alguna vez".
Un libro que no pasa desapercibido en su lectura, que genera preguntas y dispara inquietudes. Una buena narrativa repleta de melancolía y justas palabras de uno de los grandes escritores Argentinos.
Recomendado para leer en estas tardes de otoño-invierno en donde el afuera se mimetiza con el clima del propio libro.

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Noche estrellada sobre el Rhone

martes 17 de febrero de 2009

Pintar de noche con el insomnio pegado entre ceja y ceja. Detener el tiempo por los siglos de los siglos.
Vincent; de espíritu convulsionado, carácter inquieto...pinta...
...la orilla del río, bastante humedad, dos amantes casuales -amantes por siempre desde aquel instante-, la imposible constelación de La Osa Mayor, algo de rabia, los reflejos de las luces lejanas en el agua y el cielo estrellado que transmite un poco más de realidad que el mismo cielo. La noche es también un poco más noche. Próxima parada: la inmortalidad. La temperatura será más agradable, habrá poco viento y la vida quizá ya no duela (tanto).






'The Starry Night Over The Rhone'; Pintura de Vincent Van Gogh. Circa septiembre de 1888.

De paso: recomiendo las 'Últimas cartas desde la locura'

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Un cronopio menos

jueves 12 de febrero de 2009

A 25 años de la muerte de Julio Cortázar

Foto: Mario Muchnik


Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a ver porque ellas no se molestan.
Extracto de 'Viajes', tomado de 'Historias de cronopios y de famas', Julio Cortázar
 
 
+ Cortázar en SUEÑOS A PILA
 

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Parte 15: El final

viernes 6 de febrero de 2009

Micro-Novela: 'De erecciones y fantasmas'
Cuando uno piensa que el destino está escrito, cuando suponemos que todo lo que nos pasa es gracias a la providencia la cual no sabemos de donde viene, en que lugar encontrarla o como conquistarla...justo en el momento en que nos creemos títeres de vaya uno a saber que titiritero, aparece una señal vital y salvadora. Yo estaba listo para volver a la pensión de Doña Pola, escuchar los gritos y golpes de Julián y jurar venganza; estaba listo para matarme, para colgarme en aquel baño mugroso de pensión barata. Casi me sentía un fantasma. Pero luego sentí ese olor a mota penetrar el espacio y me dije: "Carajo, yo también puedo ser salvado por él..."
Me alejé lo más posible de aquel lugar -de la pensión, de La Cumbre, de sus cercanías-. Nunca más volveré. Me están buscando por haber matado a Vilma supongo, aunque no lo sé con certeza ni me importa.
Pero yo estoy fuera de aquí, sin rastros del Hotel 'Almas Generosas', sin rastros del fantasma de Vilma ni de sus infidelidades.
Un pequeño detalle al margen: decidí no matarme y ganar mi batalla. El porque para mí es simple: conquisté el corazón del destino con una salvaje e interminable erección, un par de porros en el bolsillo y mucha paciencia. Eso sí, nunca me olvido de aquella frase y por eso cada noche pongo doble llave a la puerta: "¡Están aquí! ¡Están en medio de nosotros!".
Pero yo estoy fuera.
- FIN -

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Parte 14: La muerte ¿no existe?

miércoles 4 de febrero de 2009

Micro-Novela: 'De erecciones y fantasmas'

Imagino a Don Anselmo, su fuerte olor y desagradable olor, y esos ojos...despertando a los huéspedes del hotel diciéndoles: "Anoche estallaron otros, pero...". Fue lo primero que pensé.
Pero desperté en aquel mismo rincón. Justo al lado del mueble, precisamente donde el cerámico está roto en una punta; frente a la ventana, cerca del escritorio que usabas para escribir las cartas y leer esos libros horribles.
Cerca de la silla en que te sentabas a descansar y seguro soñar con otras vidas como hacemos todos; bastante lejos de la puerta de la habitación y más lejos todavía de la puerta principal, esa puerta de una madera sucia pero tan hermosas. 
Desperté en ese mismo rincón donde la luz apenas llega de día y es pura oscuridad de noche. Eran las 3 de la mañana. Hacía poco más de dos horas que con mis manos, con estas manos, la había ahorcado. Ella yacía al lado mío, con el cuello morado, dura, bien muerta. Tenías los ojos abiertos, espantados. Estaba desnuda igual que yo.

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Parte 13: El estallido

lunes 2 de febrero de 2009

Micro-Novela: 'De erecciones y fantasmas'

El momento fue bastante menos especial de lo esperado. Fuimos al Motel a la salida de la ciudad -nos tomo bastante tiempo poder llegar caminando-. La habitación que habitualmente usábamos -y que ella también usaba con mucho cinismo- estaba vacía. Nos recostamos en aquella cama sin vernos reflejados en el techo. Ambos nos dimos cuenta de que no eramos nada. Vilma me sacó la remera y con su boca comenzó a recorrer todo mi cuerpo: mi cara, mi cuello, mi pecho, mi ombligo, bajó hasta mi pene y allí se quedó un rato.
Pero luego todo se rompió. Vilma comenzó a reírse. Por un momento dudé de mi virilidad, bajé la vista y no tenía por que hacerlo. Pero luego alguien entró, no lo reconocí hasta que se sentó en la cama, sacó un cigarrillo y lo encendió. El olor a cannabis inundó la habitación. Ahí me di cuenta que era él. Vilma ya lo sabía porque se sentó a su lado, apretó su verga y comenzaron a fumar.
Como en un sueño recordé aquel estallido que describía Kerouak. El olor a cobalto lo cubrió todo y sólo quedo un reflejo azulado de Vilma y su compañero. Nunca más volví a verlos.
Entonces desperté.

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