Parte 14: La muerte ¿no existe?
miércoles 4 de febrero de 2009
Micro-Novela: 'De erecciones y fantasmas'
Imagino a Don Anselmo, su fuerte olor y desagradable olor, y esos ojos...despertando a los huéspedes del hotel diciéndoles: "Anoche estallaron otros, pero...". Fue lo primero que pensé.
Pero desperté en aquel mismo rincón. Justo al lado del mueble, precisamente donde el cerámico está roto en una punta; frente a la ventana, cerca del escritorio que usabas para escribir las cartas y leer esos libros horribles.
Cerca de la silla en que te sentabas a descansar y seguro soñar con otras vidas como hacemos todos; bastante lejos de la puerta de la habitación y más lejos todavía de la puerta principal, esa puerta de una madera sucia pero tan hermosas.
Desperté en ese mismo rincón donde la luz apenas llega de día y es pura oscuridad de noche. Eran las 3 de la mañana. Hacía poco más de dos horas que con mis manos, con estas manos, la había ahorcado. Ella yacía al lado mío, con el cuello morado, dura, bien muerta. Tenías los ojos abiertos, espantados. Estaba desnuda igual que yo.
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