Parte 3: Una pared de por medio

viernes 9 de enero de 2009

Micro-Novela: 'De erecciones y fantasmas'

Don Anselmo nos despierta a mí y a Vilma cada mañana. Nos sacude las sábanas blancas en donde pasamos casi desapercibidos. Luego desayunamos, salimos al jardín bajo un sol que en general apesta, para luego ir a caminar esperando que llegue la noche.
Don Anselmo es un hombre grande. Cuentan que hace muchos años que está aquí. En su cara no se notan las huellas del paso del tiempo. Lo único que llama la atención es su mal olor y sus ojos...sus ojos...
Hay un extraño huésped en la habitación contigua a la que ocupamos con Vilma. Un huésped que cada noche puede que escuche nuestros gritos de placer mezclados con dolor mientras hacemos el amor, porque el sexo entre nosotros -pueriles fantasmas- es continuo aunque no siempre placentero. Don Aselmo nos dijo que ese extraño huésped algún día podría salvarnos a todos; sostiene que quien habita la habitación contigua es el mismo Jesús.
Yo lo dudo. Un fuerte olor a marihuana sale de la habitación de Jesús cada mañana, la cadenita con una cruz que cuelga de su pecho hablaría de un sentido del humor por lo menos cínico, y hay un pequeño detalle medular: nunca lo escuché rezar. Tampoco lo escuché hablar solo -que es más o menos lo mismo que rezar, pero distinto-.

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