"Para volver a nacer, antes tienes que morir."

Fue un largo y sinuoso camino de casi 700 páginas. Todo comenzó en caída libre -con vitalidad- y concluye con los pies en la tierra y un tanto más lúgubre. Eso sí: la sensación de estar leyendo algo que causó y causa tanto revuelo genera aún más expectativas y excitación en cada página, y está bien que así sea.
Salman Rushdie -acusado del pecado de apostasía y con la fatwa pegada sobre sus espaldas desde 1989- es, antes que nada, un gran contador de historias, y eso lo demuestra en los 'Versos satánicos'; un escritor que proyecta, en sus novelas, la totalidad del mundo que narra. Entonces uno no puede más que maravillarse por tanta historia bien contada en donde los cabos que parecen soltarse a cada momento -es un libro de difícil lectura que entre otras cosas no está narrado de manera cronológica- terminan cerrando tarde o temprano.
"¿Que pasa cuando ganas?"
Los 'Versos satánicos' es un libro fuerte que se mueve por varias historias a la vez; va jugando con el tiempo al igual que juega con los prejuicios y las creencias más arraigadas de los seres humanos: el Islam y su historia desbordante, la religiosidad en general, las relaciones humanas y la idea de dios (¿dios uno?; ¿dioses múltiples?)...Comienza con un atentado en pleno vuelo -cualquier semejanza con hechos reales...-. En el medio hay historias de profetas, de mensajeros divinos, de ángeles, arcángeles y hasta del mismo diablo que se pasea por las páginas. También están los famosos versos satánicos destellando de aquí para allá.
"¿Qué es lo peor que puedes imaginar?"
Y cual metamorfosis planteada por Franz Kafka, a Gibreel Farishta -que flota, tiene visiones y sueña sobre Londres- la caída desde un avión que estalló en mil pedazos le provocó un halo de ángel que se prende o apaga vaya donde vaya. Hay también humor en estas páginas en medio de profundas reflexiones sobre las creencias y las relaciones humanas: "Hasta la aureola se ha apagado fundida, y no sé donde está la tienda". Farishta termina por creerse/actuar/vivir como un ángel y eso no puede llevarlo a nada bueno. Por su parte Saladin Chamcha después de la caída se transforma en un macho cabrío; en el mismo diablo viviendo en un hotel/pensión en el centro de Londres. En algunos pasajes del libro no quedan dudas: el diablo está en todas partes, igual que Dios. Incluso puede que intercambien sus ropas en algún momento.
"El arte del asesino consiste en atraerse a la víctima; así es más fácil acuchillarla"
Y eso hace Rushdie con este libro. Te atrapa para luego dejarte; te vuelve a llamar y te envuelve en otros mundos para pronto abandonarlos y retomarlos cerca del final. Nunca fue tan placentero ser víctima de un escritor.
¿Que tienen de satánicos los versos?
La historia de Gibreel y Saladin es solo la punta del ovillo hacia las analogías.
-La secuencia de Jahilia es la que contiene más elementos considerados como blasfemos por los musulmanes. Allí se cuenta la vida de Mahoma (Mahound en el libro) su exilio y su eventual regreso triunfante a La Meca.
En esta visión es donde se hace alusión a los versos satánicos: Hind, esposa del líder de Jahilia y sacerdotisa de Al-Lat, le ofrece a Mahound un pacto, él admitirá a tan sólo tres de los dioses de Jahilia, como arcángeles de Alá, y le permitirá al pueblo su adoración y ella (y por consiguiente, el pueblo) aceptará a Alá. Mahound atribulado sube al monte Cone a pedirle una revelación al Arcángel Gabriel, obligándole inconscientemente de dictarle unos versos en los que se proclame la validez de las tres deidades. Tras un enfrentamiento con Hind, y al darse cuenta de la trampa en la que había caído Mahound vuelve a subir al monte Cone para enfrentarse físicamente con el arcángel, sólo para ser vencido. Con esto, Mahound se convence a sí mismo de que ahora sí es el verdadero arcángel, puesto que un humano nunca podría vencer al mensajero de Dios. Vuelve a recibir los versos ahora proclamando la existencia de solo un Dios y nadie más, y que los versos que anteriormente le dictara el supuesto arcángel en realidad habían sido dictados por Satán. Sin embargo, ambos dictados, admite Farishta, no han provenido de él, sino del interior del profeta, convirtiendo al arcángel en un mero títere.
Pero es quizás la visión del Iman, un fanático líder religioso exiliado, la que le valió la fatwa. Durante la visión se retrata al Iman como una figura de pesadilla que manipula al arcángel Gibreel a través de la fuerza y la violencia, para respaldar sus acciones, igual de violentas, para con su pueblo.- (Resumen adaptado de Wikipedia)
También se narra la historia de Ayesha, una joven campesina hindú que vive rodeada de mariposas y dice recibir mensajes de Dios a través del Arcángel Gibreel entre cantos. Ella convence a todo un pueblo a peregrinar hacia La Meca y asegura que al llegar a la costa del mar de Arabia las aguas se abrirán para que ellos puedan llegar a su destino. Historias que van y vienen en el tiempo.
"Ser el cartero de Dios no es divertido..."
Y no tiene por que serlo.
La parte final el libro se disfruta aún más porque todas las historias planteadas se van resolviendo -de manera muy particular por cierto-. Y quizá Mahound recite con convicción los versos satánicos; quizá las aguas del mar de Arabia de verdad se abran y todos puedan cruzar hacia la Meca; y por que no las vidas de Chamcha y Farishta vuelvan a cruzarse. Lo que queda claro es que Dios tiene extrañas formas de comunicarse con nosotros, los mortales.
También puede que todo sea un engaño; o una visión, o un sueño...
Al concluir los 'Versos satánicos' uno siente que ha llegado al final de un largo viaje. Como una procesión alucinada, sorprendente. El relato del final sobre la muerte del padre de Saladin Chamcha conmueve y la resolución de la historia deja una estela de puntos suspensivos, como debe ser.
Pasar por la experiencia de leer los 'Versos satánicos' es casi como una gran peregrinación: algunos quedarán en el camino -porque no es un libro fácil-, otros llegarán a la meta y será reconfortante. Lo importante es el hecho de andar; estar atentos y disfrutar de cada vuelta de página temiendo siempre lo peor: que alguien nos susurre al oido los versos satánicos.
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