Mensajes

miércoles 1 de octubre de 2008

'Amanece, y quizá eso sea lo último que suceda...'
Hoy me levanté tarareando algo parecido a esa frase. Mientras me duchaba tomó forma y cerca del mediodía no me podía sacar su ritmo de mi cabeza. Después apareciste vos. Ya no madrugás, parece, desde que te decidiste a ponerle límites a mi mundo, a borrarme puertas, a hacerme caer desde barrancos mentales.
'Amanece, y quizá eso sea lo último que suceda...'
Así que estás leyendo a Foster Wallace justo después de que cayó en desgracia. Voy a hacer una pequeña concesión con vos hoy para decirte: si 'La niña de pelo raro' te gustó, lo que viene es aún mejor. Punto.
¿Donde habíamos quedado?. No recuerdo.
Por tu culpa tengo emociones bien blancas que se parecen al vacío. Anoche salí a caminar por la ciudad; la calle parecía el camino que conduce al mismo infierno. Me encontré luego en un bar, sentado sólo en una mesa haciendo planes por escrito. Afuera pasaban mujeres de piernas largas, jóvenes cuales cabezas parlantes. Dos de ellas se sentaron a unos metros míos, en una mesa con vasos vacíos y servilletas usadas. Se tomaban las manos, se miraban con fuerza. Una -la más joven- tenía un escote profundo que dejaba al descubierto sus dos grandes pechos. La otra tenía la boca más hermosa que jamás haya visto y una cartera roja. Abrió esa cartera para buscar algo y vi el reflejo metálico de un revólver. La de la boca de labios perfectos no sacaba su mirada de los pechos de su amiga. Se prometieron todo quizá porque intuían que yo las miraba. Cuando pasaron frente de mi me tiraron un papel con este escrito:
La chica maquillada -muy maquillada- de labios rojos, ojos negros y polvo blanco te esperó durante horas en esta mesa antes que nosotras llegáramos. Lloró por vos hasta que llegó un hombre con nariz roja de payaso y boca pintada de rojo infierno. Él juró matarte. Se encontraron con nosotras en la esquina y nos dejaron este mensaje -ya ves, un mensaje de un mensaje...-:
'¿Cuándo le vas a seguir dictando?'
Volvemos a nuestro mensaje: ¿Te gusta mirarnos, no ?, te esperamos afuera.

Salí del bar 2 horas después, ya no había nadie. Fui a mi casa y escribí esto para vos, para que lo leas y sepas de que se trata: La amenaza continua. Cuidate de mi.
Dormí unos minutos y cuando desperté comencé a cantar: 'Amanece, y quizá eso sea lo último que suceda...'.
El día está sucediendo...

Encontré este mensaje sobre mi escritorio cuando me levanté hoy por la mañana. 
Lo firma 'El escritor'.

1 COMENTARIO/S:

Anónimo dijo...

q bien que escriben la del escote profundo y su amiga

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