Zappa, Frank Zappa

miércoles 10 de septiembre de 2008

Alguna vez pensé que nunca lo lograría. Me di por vencido en un par de ocasiones porque no lo ¿entendía?, pero aquí estoy ahora, ganando la batalla, metiéndome de a poco segundo a segundo en un mundo irreverente, genial. Una supernova que sigue expandiéndose por los inconmensurables límites de un pentagrama que está incrustado en el horizonte, un pentagrama tan grande como el amanecer y tan misterioso y oscuro que es mejor llevar alguna linterna para penetrarlo, sentirlo y comprenderlo -lo que haya para comprender, entregarse al resto-. En este septiembre seco y nublado un nombre y su sonido no se despega de mi: Frank Zappa.
Como quien vuelve años después a su hogar estoy volviendo a su música de la que siempre me estuve yendo. Pero esta vez volver significa un cambio; nada es lo mismo y ahora esas canciones que mucho antes me rebotaban y salían despedidas a la estratósfera hoy me penetran, inundan mi sangre, me contaminan la cabeza y no me dejan dormir. Para quienes no lo hayan comprobado aún, Zappa es una adicción rara y pastosa. Hay algo de sonidos primales que acompañan nuestra temprana existencia, sonidos de nacimiento, después sonidos de vida y muerte subliminados por algún dios lejano. Visiones de un flaco, guitarra en mano, casi desnudo y con el pelo hasta los hombros en un altar. Alabado sean esos sonidos...
Y allí va ese dios pagano...en busca de la nota perfecta incrustada en un pedazo de vanguardia que Zappa construía con sus canciones: discos que llevan décadas pero que todavía no deberían haber sido grabados; verdaderas revelaciones que no tendrían que estar entre nosotros aún. Pero ahí están: en la red, en algunas disquerías, ocultos en departamentos entre el desorden de cualquier vida, sonando un domingo al mediodía o listos para volver a estallar donde sea y cuando sea...
Nunca una guitarra me había sonado así. Zappa era un guitarrista tan grande que sus solos eran 'esculturas aéreas' y por ahí andan, construyéndose en el aire cada vez que suenan. En sus discos el piano es más piano, la batería más batería, el bajo más bajo y los violines y saxos también son más...y el resto es menos resto.
Estoy en un mundo nuevo; me alquile una habitación en un Motel viejo que me bastará para poder seguir siendo mientras escucho. Hay bastante lugar por aquí así que a quienes estén interesados los invito a una estadía larga que puede durar toda una vida y el resto de lo que sea que sea la muerte. Una obra tan abundante y compleja no puede ser abordada con poco tiempo y el hecho de llegar a ella conlleva esa idea: la de algo inagotable que nunca será descubierto en su totalidad; en eso también reside la hermosura.
Así que simplemente me siento bienvenido a este barato motel. Estoy listo para más canciones aunque acá viene mi primer auto boicot: 
apago la luz y dejo sonando de fondo 'Zomby Woof'. Y te juro que en este mundo y en esta habitación ahora mismo no me importa más nada, así que me quedo dormido por unos minutos.
¡Ya desperté!


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