Sergio Bizzio - Era el cielo
miércoles 3 de septiembre de 2008
En una parte de 'Era el cielo', novela de Sergio Bizzio, dos de sus personajes se sumergen en una piscina y se atreven a nadar entre un tiburón toro mientras otro de los personajes, parado en el borde, mira la escena aterrado. Hay tanto nerviosismo en el relato, tanto miedo flotando en el agua y fuera de ella que me pareció un buen ejemplo de lo que el libro es y genera; quien lee 'Era el cielo' observa -no sin cierta tensión, a veces con algo de temor- como cada mundo de los personajes sucede, se enreda, intenta salir a flote entre los miedos propios y ajenos. Y como la aparente simpleza de algunos hechos produce íntimos y bien complejos movimientos internos de pensamiento y conciencia.
La historia en lo superficial parece un tanto trivial: una pueril pero reflexiva relación padre e hijo, un divorcio que deja a una de las partes (Diana) aún enamorada del personaje principal de la novela, nuevos amores (la bombástica Vera) y el complejo entramado del día a día. Pero estas historias de apariencia ligeras están contadas con inteligencia, de manera poética en algunos pasajes -como extrayendo agua de las piedras, mostrando como una realidad sencilla puede disfrazarse con las mejores ropas- y planteando desconciertos varios en la narrativa; no es común nadar entre tiburones ni sentirse perseguido por un ex actor con saco a cuadros. Entonces leer 'Era el cielo' pasa a ser una experiencia sumamente reconfortante, que maneja la tensión/atención de quien lee con mucho dinamismo e inteligencia. Y ahí está la clave de la novela: Sergio Bizzio sabe lo que quiere contar y como contarlo.
El único problema del libro es que, por momentos, cuando avanza la lectura aparece la poca agradable sensación de que Bizzio sumó una cantidad de escritos independientes y les dio un mismo espacio, un mismo decorado. Historias en apariencia aisladas que con el correr de las páginas van concatenándose para terminar de construir el relato. Una de las cosas que une los distintos acontecimientos es la forma compleja y por momentos paranoica con que el narrador de la historia y personaje central enfrenta esos hechos. Hechos que, por otra parte -y esta sí es una característica fuerte del libro- ni siquiera parecen concluir sino solo esfumarse lentamente, cual avión alejándose en el horizonte. Es que el cielo no tiene principio ni final.
El libro comienza a puro golpe de escena: "Cuando llegué, dos hombres violaban a mi mujer..." y es muy efectivo ese arranque. Este hecho que tanto conmociona y condiciona, se irá diluyendo con el correr de las páginas porque otras historias lo van dejando de lado hasta hacerlo casi imperceptible (de nuevo la idea de inconclusión, de esfumarse). Igualmente cerca del final volverá a aparecer la violación que le dará un marco a la historia.
"Esos días con vos se recortan del resto de mi vida con la tonalidad de lo ideal: si alguna vez tuviera la desgracia de estar a punto de ahogarme, en la película completa desde mi nacimiento, esos días (que pocos fueron ¿no?) se destacarían en la oscuridad con tal suficiencia que yo, entre las olas, sonreiría en vez de luchar".
Entre días lluviosos y vuelos en primera clase llenos de terror, entre guiones de televisión y relaciones de pareja traumáticas, entre amores y odios. Un libro que atrapa y va cerrando a medida que sucede, bien escrito, con buen ritmo -lo que no es poco y genera tanta atención- para leer en un fin de semana y dejarse llevar por el simple placer de unas nubes, la sensación de altura en un piso 25, algunos mareos, piletas con tiburones y un final bien poético que se va fundiendo con el mismo cielo.
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