Horacio Quiroga

martes 13 de mayo de 2008

¿Qué hubiese sido de nosotros -de la literatura, de esos cuentos apasionados- si aquel niño tan pequeño hubiera muerto en las aguas turbulentas de la temprana niñez?. Esas aguas que vieron morir a su padre con un disparo certero y accidental de su propia escopeta; esas aguas que empaparon para siempre de tragedia una vida y que aún están ahí porque algo queda de ellas, no todo pasa.
Habiendo sembrado tanto camino, muchos años después y con la dignidad de los que saben su vida acabada, se dio muerte -igual que Lugones- para conocer el momento exacto en que pondría punto final. Un sótano, algunos amigos una profunda tristeza y la valentía lo ayudaron a cerrar el círculo. No imagino su desesperación ni esos instantes previos al final, no imagino los dolores de su enfermedad ni la quemazón en la garganta y el estómago producto del cianuro. No imagino nada que tenga que ver con terminar algo quizá porque soy un descreído de los finales y un apasionado de los comienzos.
Y si bien fue más conocido por sus cuentos, hace poco leí 'Pasado Amor', novela de Horacio Quiroga.
Cuando el final aún estaba lejos esas páginas ocuparon su tiempo.

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