Aunque sean puras mentiras
viernes 22 de febrero de 2008
Hay libros que no dicen nada en páginas y páginas repletas de palabras, esos son los libros que viviremos intentando olvidar o recordándolos innecesariamente para no volver a ellos. En cambio hay otros que en sólo unos cuantos renglones lo dicen todo. Esos libros que en días nefastos donde la cabeza nos pide perdón mientras el cuerpo solo sucede aparecen con un simple párrafo, una frase, una compleja sucesión de palabras en páginas perdidas que crispan las emociones. En ese instante es como si alguien hiciera un chasquido con los dedos y la vida pasara de blanco y negro a technicolor. Hace poco me encontré con una (varias) de esas frases. Esta por ejemplo:
"Aprende a darle emoción a los lugares, aunque sean puras mentiras."
Carlos Fuentes cumple 80 años en el 2008 y es él quien, alguna lejana tarde en completa soledad mientras escribía "Los novios" -cuento incluido en 'Todas las familias felices'- plasmó esa pequeña frase que alcanza en forma constante las miradas ad-miradas de los lectores que pasan por ese libro. Frases así -pequeñas pero fastuosas, imprevistas, geniales- construyen los buenos libros y aparecen, cual cálidas posadas en medio de rutas interminables, para refrescarnos el camino y hacerlo más transitable. Posadas en que sólo estamos unos minutos y nos refrescamos con una buena cerveza mirando a lo lejos, por que no, fundirse en el horizonte el cielo de Acapulco."...mira Acapulco allá lejos, que bárbaro, y como brillan esas lucecitas y cada una es como una invitación a abandonarse..."
Extracto de 'Todas las familias felices'; Carlos Fuentes.
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