El final

martes 31 de octubre de 2006

Estamos hechos de finales, vivimos entre finales constantes, muchas veces impredecibles, casi siempre definitivos. Quizá todo este hecho para terminar y ese sea el objetivo. Se puede percibir como el fin siempre está llegando, hasta pareciera que la mirada se acorta, que la belleza se potencia y explota. Las mentiras terminan, terminan las canciones, las pasiones, y al final se nos terminará el tiempo...
Jim Morrison sintió 'el final' allá por 1967, cuando The Doors editaba su primer disco. 'The End' es la canción que cierra el disco y es un clásico, un himno, una plegaria que habla de la muerte (quizá más la muerte del alma que la del cuerpo). Cuenta la leyenda que cuando
The Doors grabaron 'The End' el estudio estaba completamente a oscuras excepto por una vela al lado de Morrison y los vúmetros de la consola. Todas las demás luces estaban apagadas. Luego de la grabación, hecha casi en una sola e interminable toma, los técnicos tuvieron que verificar que las cintas estuvieran girando, ya que se habían sumergido tanto en la canción que no lo sabían. Por suerte las cintas giraron y ese mágico momento quedó registrado para siempre. Se perciben las musas en el punteo de guitarra, en el caos a mitad de la canción, en los teclados, en la voz y el recitado de Morrison. Las musas visitaron el estudio aquella noche, tomaron posesión de Jim y lo hicieron un poco inmortal, como contradiciendo cualquier final.
Aún hoy, casi 40 años después,
'The End' conmueve quizá como la primera vez, y nos deja algunas certezas: que existe el final, que la risa termina, que terminan los planes elaborados y todo lo que resiste, que se termina la noche y que si, al final de todo, cuando la voz queda casi sola y se va apagando, entendemos que ESE es el final. Y el final es maravilloso.

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